Rosario Herrera Guido
En mi peregrinación en busca de la modernidad
me perdí y me encontré muchas veces.
Volví a mi origen y descubrí que la modernidad
no está afuera sino dentro de nosotros mismos.
Es hoy y es la antigüedad más antigua,
es mañana y es el comienzo del mundo,
tiene mil años y acaba de nacer.
Habla en náhuatl, traza ideogramas chinos del siglo IX
y aparece en la pantalla de televisión […]
Perseguimos a la modernidad en sus incesantes metamorfosis
y nunca logramos asirla […]
Es el instante, ese pájaro que está en todas partes y en ninguna.
Queremos asirlo vivo pero abre las alas y se desvanece,
vuelto un puñado de sílabas […]
Entonces las puertas de la percepción se entreabren
y aparece el otro tiempo, el verdadero,
el que buscábamos sin saberlo: el presente, la presencia.
Octavio Paz, Discurso al recibir el Nobel de Literatura (1990).
I
A 112 años del natalicio de Octavio Paz (Ciudad de México, 31 de marzo de 1914-Ciudad de México, 19 de abril de 1998), espero mostrar que su actualidad es posible apreciarla desde El arco y la lira, pasando por Los hijos del limo y El mono gramático, hasta llegar a La otra voz, al encontrarnos con un hijo del limo y no de Dios, que impulsa la ruptura con los antiguos paradigmas para promover una tradición moderna: el gusto por el sacrilegio, la blasfemia, la pasión, la disolución del yo moderno e ilustrado, el amor, la cultura como fiesta y luto, el instante poético, la crítica al altar y el trono, y hasta a sí mismo, a través de una poética de la modernidad como continuidad de la ruptura, lo moderno que funda su propia tradición, la autodestrucción creativa, el vertiginoso cambio de los ideales de belleza de su época, el futuro: no el pasado ni la eternidad, sino el tiempo que siempre está a punto de ser.
Una poética de la modernidad como tradición de la ruptura, que pasa por el romanticismo, el modernismo, las vanguardias y el surrealismo, con los que alumbra una poética moderna, que nace de la intersección entre el poder divino y la libertad humana, para redefinir la poética, el poema y la poesía, en el horizonte de una poética del lenguaje, una cultura poética y una poética de la cultura, que se aventura a pronunciarse por una cultura poética para nuestro tiempo y porvenir.
II
Gracias a Octavio Paz, sabemos que la relación entre la poética y la cultura es un tema moderno, pues en la antigüedad la poética era el fundamento de la cultura como mito, tragedia y épica. Para la modernidad la poética, el poema, la poesía y el poeta, son despojados del poder mítico de las palabras como fundamento de la cultura: el poema y la poesía pasan a ser labores inútiles, objetos improductivos y lenguaje (mal)dito para una sociedad racional, práctica y creyente en el progreso prometido por la ciencia y la técnica.
Como todo gran poeta moderno, Octavio Paz busca el origen poético del lenguaje, pues la respuesta que puede dar un poeta moderno al abismo espiritual de la edad moderna es a través del anhelo de alcanzar la otredad, como experiencia originaria de lo poético, cual acceso metafórico al ser y lo sagrado. Faltos de ser, al ser eyectados y devenir entes —como dice Martin Heidegger— los hombres y las mujeres devinimos deseantes de esa otredad que nos transforma y pro-eyecta poéticamente. Lo confirma Paz: “La poesía pone al hombre fuera de sí y, simultáneamente, lo hace regresar a su ser original: lo vuelve a sí. El hombre es su imagen: él mismo y aquel otro. A través de la frase que es ritmo, que es imagen, el hombre, ese perpetuo llegar a ser, es. La poesía es entrar en el ser” (Paz, El arco y la lira, México, FCE., 1979:113).
Octavio Paz afirma que el poeta sabe que para revelar lo humano hay que crearlo. Poeta es aquel que se echa a cuestas el peso de su enigma y el de los demás, para devenir creador de la voluntad creadora de la comunidad: la cultura. Pero Octavio Paz advierte la imposibilidad de acceder a la primera palabra de la que proceden todas las demás palabras: que ya no sería palabra sino ser. Por lo que lanza este imperativo en El mono gramático: “[…] deberíamos remontar la corriente, desandar el camino y de expresión figurada en expresión figurada llegar hasta la raíz, la palabra original, primordial, de la cual todas las otras son metáforas” (Paz, El mono gramático, Barcelona, Seix Barral, 1974: 27).
De aquí que el poema —forma y ritmo— es la única expresión que siempre quiere ponerle fin al camino, cortar cada verso, aunque sea provisionalmente, sin poder detener la avalancha de todas las palabras que vienen detrás. Como advierte Ramón Xirau: “El poema es cuestión de vida y es cuestión de muerte porque el ritmo es el hombre mismo manándose” (Xirau, Poesía y conocimiento, México, Joaquín Mortiz, 1878:196-197). Un ritmo que desde la poética de Aristóteles devela una ontología poética: “el compás del ser”.
¿Quién habla? “Yo es otro”, responde Arthur Rimbaud. Octavio Paz se hace la misma pregunta a través de “la otra voz”, que surge en el acto de la creación, cual poética del lenguaje. La voz del lenguaje, que piensa y habla a través del yo. Octavio Paz, como buen poeta moderno sostiene que “La comunión con lo real es el fin último de toda poesía” (Paz, Las peras del olmo, Barcelona, Seix Barral, 1978:85). Y a pesar de que sabe los límites del lenguaje para nombrar el ser, en el corazón de su obra late una revelación poética que descubre una falla ontológica en las palabras: el correlato del sentido es el sinsentido.
Una poética del lenguaje, por el camino de Galta, donde Octavio Paz advierte que a medida que escribe El mono gramático (Paz, El mono gramático, Barcelona, Seix Barral, 1974:11), el camino es el sendero del lenguaje mismo, que se borra o se desvía hasta perderse en sus curvas, y que tiene que volver al comienzo, pues en lugar de avanzar, el texto gira sobre sí mismo. Un pensamiento circular que transita por un tiempo mítico, que permite comprender la pregunta por la estructura poética del lenguaje: “¿La destrucción es creación?”. Si lo poético es algo que hacemos y que nos hace y deshace, la cultura también es “algo que alternativamente hace y deshace al hombre” (Paz, Un más allá erótico: Sade, México, Vuelta, 1993:35). La destrucción es creación, este es un tema por excelencia a propósito de la naturaleza crítica de la modernidad y de “la tradición de la ruptura”.
La división de la sociedad —observa con pesar Octavio Paz— promovió las diversas artes, ciencias y técnicas, que en el origen eran una: la poesía, el mito, la magia, la religión, el canto y la danza, la técnica y la ciencia. Entonces, diferentes culturas nacieron al seno de la cultura. Unas minorías, sin embargo, comunicadas, cuyo tejido cobija la cultura de todo pueblo. Más allá de cada cultura existen creencias y costumbres compartidas por una cultura, que conforman el espíritu de las artes, en particular de la poesía, una fuente de imágenes en las que los hombres y las mujeres se miran, que les revela por instantes el secreto de su existencia. Lo evoca Octavio Paz en El arco y la lira: “[…] la poesía pone al hombre fuera de sí y, simultáneamente, lo hace regresar a su ser original: lo vuelve a sí. El hombre es su imagen: él mismo y aquél otro. A través de la frase que es ritmo, que es imagen, el hombre —ese perpetuo llegar a ser— es. La poesía es entrar en el ser” (Paz, El arco y la lira, México, F.C.E., 1979:113). Hasta cuando la poesía moderna expresa la dispersión de la comunidad, es expresión del quebranto de la cultura.
Son pocos los best-sellers —dice Paz— que sobreviven a su éxito, pues se reducen a mercancías. En cambio, el fin de la cultura poética no es entretener, informar o proporcionar objetos de consumo, pues la poesía no busca la inmortalidad sino la resurrección: “Leer un texto no-poético es comprenderlo, apropiarse de su sentido; leer un texto poético es re-suscitarlo. Esa re-producción se despliega en la historia, pero se abre hacia un presente que es la abolición de la historia” (Paz, Los hijos del limo, Barcelona, Seix Barral, 1987:227).
Hay que desaprender lo conocido para renovar la sensibilidad, pues la poética de la cultura y la cultura poética, siempre están expuestas a la lucha entre lo antiguo y lo nuevo. De aquí el tema de Octavio Paz por excelencia: “la tradición de la ruptura”.
III
Hoy la disputa entre la poíesis y el logos es más profunda, pues afecta la dimensión histórica y espiritual. La reyerta es entre una poesía rebelde a la modernidad y la burguesía creadora de la modernidad. Los románticos son hijos rebeldes de la modernidad, que al desgarrarla la exaltan. La modernidad con su pasión crítica siempre ha estado en contra de sí misma: el genuino secreto de su constante transformación. Lo advierte Shelley en Defensa de la poesía: “La Poesía es el más infalible heraldo, compañero y seguidor del despertar de un gran pueblo que se dispone a realizar un cambio en la opinión o en las instituciones. En tales períodos hay una acumulación del poder de comunicar y recibir intensas y desapasionadas concepciones respecto del hombre y de la naturaleza” (Shelley, Defensa de la poesía, Barcelona, Península, 1986:65).
Gracias a la memoria histórica, la crítica se nutre de los textos heterodoxos y excomulgados. La fe en las ideologías y en las ilusiones sin porvenir (parafraseando a Freud), desdeña la historia, a los clásicos y la poesía, por imprevisibles, instantáneas y marcadas de eternidad. Pero los ideólogos, aferrados a terquedad cuentista, consideran que el texto literario encubre otra realidad, que debe ser descifrado, para desenmascarar al autor, que engañado, nos engaña. La Odisea cuenta y canta costumbres que pueden interesarle al historiador, pero no es una narración histórica, sino un poema que canta lo que siempre está sucediendo. Interpretar un poema como una narración histórica —indica Octavio Paz— es como querer estudiar botánica en un paisaje de Monet.
La poesía es la otra voz: antigua, actual y por venir, luctuosa y festiva, íntima y colectiva. sagrada y maldita, Como afirma el pensador y psicoanalista Néstor Braunstein: “[…] todo buen poeta es maldito, no tanto porque se le maldiga, cosa que no deja de suceder, sino que se lo maldice debido a que es mal decidor, saboteador de los modos estructurados del decir, evocador de un goce maldecido, siempre en entredicho” (Braunstein, “Lingüistería”, El lenguaje y el inconsciente, México, Siglo XXI, 1982:184).
La poesía no ha muerto. Sólo vivimos un olvido de “la tradición de la ruptura”. La poesía todavía late, aunque a veces condenada a vivir en el sótano de la cultura. En la aurora del siglo XXI, la poética de la cultura vive en la incertidumbre. Pero, en compañía de Octavio Paz, recordemos que los tiempos de malestar en las artes y la poesía han producido excelentes creaciones. Los poetas siguen influyendo en la permanencia de la cultura poética. La vida de la poética moderna y de la poesía depende la actitud crítica y creativa de “la tradición de la ruptura”.
La poesía es memoria que deviene imagen e imagen convertida en voz. Los pueblos y las culturas del siglo XXI, si no quieren sucumbir, tienen como imperativo (po)ético superar el mercado global (“El casino global”, según Eugenio Trías), que conduce al dispendio de los recursos naturales y la muerte de la Tierra. Ante este reto, lo que dice la otra voz de la poesía son los sueños olvidados, para resucitarlos en el alma de nuevos proyectos e ideales culturales. Ya lo cantaba el poeta Apollinaire: ‘En gran parte se han realizado las antiguas fábulas. Les toca ahora a los poetas imaginar otras nuevas, que a su vez quieran realizar los inventores’ (Cfr. Walter Benjamin, Iluminaciones, Madrid, Taurus, 1993:53). Y Octavio Paz le acompaña: “La poesía es el antídoto de la técnica y del mercado. A eso se reduce lo que podría ser, en nuestro tiempo y en el que llega, la función de la poesía. ¿Nada más? Nada menos” (Paz, “La otra voz”, Obras Completas I. México, F. C. E., 1996:592).
*Resumen y traducción al español de la conferencia dictada en inglés en el Coloquio Internacional “La Tradición de la ruptura, a cien años del natalicio de Octavio Paz”, Universidad de Bucarest Rumania, 29-30 de octubre de 2014 (Publicado en Actas Editura Universității din București y el libro Octavio Paz: cultura and modernity, the volumen of the International Colloquium, ROMULUS BRÂNCOVEANU y otros, Bucarest, University Press, 2017.


